Podremos con medios de comunicación responsables


Los medios nos desconciertan: estafas de millones que huyen a paraísos fiscales; personas tenidas por respetables que mienten ante los tribunales; instituciones religiosas, militares y garantes del orden público que delinquen; clérigos que, en un Estado que garantiza la libertad de conciencia, reciben millones del Estado incapaces de obtener la financiación de sus fieles.

Pretenden imponer sus creencias en las escuelas con cargo al Erario e impartidas por quienes no han superado las pruebas a las que se someten todos los docentes ante tribunales imparciales. Las religiones deben aprenderse en los templos o en los hogares. Vivimos un ambiente de desazón, terrorismo suicida, matanzas de inocentes, hambre y huida de millones de seres ante el silencio de gobernantes que callan ante la explotación de los habitantes y pueblos empobrecidos mientras se les arrebatan riquezas y se les utiliza como mano de obra barata. En Irak, Siria, Libia, Gaza, se bombardean poblaciones civiles, hospitales y escuelas. El Norte rico necesita inmigrantes y a los que llegan se les margina y explota. Pero no podemos venirnos abajo al contemplar un mundo al revés en una atmósfera de locura en la que pretenden que todo vale con tal de que produzca beneficios para unos pocos a costa de la pobreza de la inmensa mayoría.

Estados Unidos, la Unión Europea, los responsables de OTAN y de algunos países musulmanes que son convocados como comparsas para prepararnos a un conflicto espantoso en Oriente Medio por culpa de un “Estado islámico”, inexistente y de un “Califato” fantasioso y fruto de la ignorancia como “amenaza de todo el mundo libre”.  La clave son el petróleo y otras materias primas por lo que desvían nuestra atención a la “resucitada” amenaza rusa en Ucrania, otra de las antiguas repúblicas de la URSS que todavía no se han incorporado a la OTAN conculcando todos las promesas hechas a Gorbachov en el tránsito a un estado democrático con garantías de que la OTAN nunca se instalaría en los países del antiguo Pacto de Varsovia.

¿Cómo extrañarse del malestar social que amenaza con reventarlo todo ya que se extiende la conciencia de que “no tenemos nada que perder que no nos hayan arrebatado antes”?

Crecen la pobreza, la desigualdad, la marginación, la exclusión y los suicidios de casi un millar de personas al día, según Informe de la OMS. Se incrementan presupuestos para armamento, se vulneran derechos humanos fundamentales y se privilegian relaciones con regímenes políticos que mantienen la pena de muerte, la tortura como sistema y la injusticia social como método: China, Arabia, Emiratos y otros.

Circulan por Internet escritos atribuidos a Neruda, Gª Márquez, Benedetti, Galeano que el genio popular asocia a su obra. Durante años el poema “Muere lentamente” ha circulado por Internet atribuido a Neruda pero su autora es Martha Medeiros, publicado en Zero Hora, Porto Alegre, en el 2000. Puede animarnos a arrimar el hombro porque no hemos nacido para padecer y contemplar tanta injusticia de muerte.

“Porque muere lentamente quien se transforma en esclavo de la rutina, repitiendo los mismos trayectos; no se arriesga a abrirse a nuevos horizontes y no le habla a quien no conoce. Quien no se acepta como es y no actúa en consecuencia, prefiere lo ya conocido aunque mezquino a un remolino de emociones, de esas que rescatan el brillo de los ojos, transforman en sonrisas los bostezos, y en oportunidades los problemas.
El que no se atreve a cambiar de rumbo cuando está infeliz en el trabajo, quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de ese sueño que lo desvela. Quien no se permite alguna vez huir de los consejos sensatos. Quien no es amable consigo mismo. Quien destruye su amor propio y no se deja ayudar. Quien pasa los días quejándose de su mala suerte o que no se atreve a preguntar sobre lo que desconoce o no comparte lo que sabe. Quien no comparte sus emociones, alegrías y tristezas, no confía, no lo intenta, no trata de superarse o no aprende de las piedras del camino de la vida, quien no ama y se deja amar”.

Por eso tantas personas volcamos nuestra esperanza y apoyo en movimientos de contestación ciudadana a través de medios de comunicación las redes sociales independientes y fiables.

José Carlos García Fajardo

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