La artillería de la libertad en manos de casi todos


Aquello que siempre ha caracterizado al ser humano y diferenciado de otras especies, entre otras cosas, ha sido la razón, la curiosidad, la capacidad de pensar y el cómo hemos plasmado esto para las generaciones venideras: al fin y al cabo lo que denominamos cultura. El hombre ha pasado las últimas decenas de miles de años procesando la información que le ha sido brindada, y no siempre de la misma manera.

Llegados al punto en el que nos encontramos a día de hoy, nos surgen diferentes cuestiones en relación a los conocimientos que hemos procesado a lo largo de nuestra historia y la manera en la que lo hemos hecho ¿Nos hemos cansado de aprender o de procesar información compleja? ¿La especie continúa hacia un futuro mejor o por el contrario hacia uno menos conveniente? Muchos son los alarmistas que alzan sus voces al aire, precipitándose en sus conclusiones y redefiniendo una sociedad confusa; al igual que los oradores ingleses alarmaban a sus contemporáneos con todo tipo de teorías en el famoso Speaker’s Corner, en el Hyde Park de Londres, donde uno podía afirmar casi cualquier cosa siempre y cuando procurase ser políticamente correcto. Me niego a creer que hayamos colmado nuestra sed de conocimientos como sociedad, y me cuesta pensar que la ignorancia y la indiferencia sean cualidades apreciadas por cualquier persona.

Vivimos en la era de la información, por lo tanto no hay mejor reflejo de nuestra cultura que lo que hoy en día nos muestra el periodismo, en todos sus soportes. Haga el siguiente ejercicio: Abra el periódico, saque las quince páginas de deporte, las cinco de televisión y las diez de puro sensacionalismo ¿Qué nos queda? Decía Balzac que el periódico vende al público las palabras del mismo color que las quiere; ¿Significa eso que no queremos temas de ciencia, pintura, teatro o escultura en nuestras lecturas? Desde luego que no, por lo menos la mayoría. O quizá es lo que nos han hecho buscar en un periódico, y por lo tanto acostumbrado.

Así es el periodismo actual, y en mi opinión, lo que no debería ser: carne de circo. Si hablamos de su estricta definición, diríamos que el periodismo es el oficio que tiene como fin la búsqueda exhaustiva y la producción de noticias que informen a la sociedad sobre su contexto inmediato, en forma de cápsulas informativas que se emiten de forma sintética. Desde inicios del siglo XX, el periodismo se convirtió en una labor que tenía como objetivo el tener informados a todos los sectores de la sociedad sobre lo que estaba sucediendo. En síntesis, el periodismo es contar lo que otro desconoce pero desea conocer. Pero, ¿Tenemos este tipo de periodismo informativo y libre de manipulación hoy en día? Creo que todos compartimos respuesta: no, por completo.

Muy por encima de otros oficios, en cuestión de evolución, el periodismo se encuentra en un cambio constante; lo que nos lleva a afirmar que las condiciones en las que concebimos esta labor no son las mismas a lo largo de su trayectoria. Inmersos en la era digital este cambio es mucho más significativo, y mucho más atrayente en mi opinión.

Cuando hablamos de periodismo, nos referimos a lo que, para mí, es uno de los mayores poderes de influencia y creación de realidades que tenemos en nuestra sociedad. Y que los medios de comunicación utilicen este poder para manejarnos, es lo menos, alarmante. Me preocupa de este su futuro, pero sobre todo, quienes serán los encargados de llevar todo esto y si necesitan un título para hacerlo.

El futuro de la prensa está cifrado en ceros y unos, se encuentra en el mundo digital; y algunos confiamos en que ello conlleve una nueva Edad de Oro del oficio. Cada mañana, nada más despertarse, uno lee las noticias de los medios a través de diferentes soportes digitales –en especial el teléfono móvil- evitando así los montones de papeles de periódico que se acumulan en una pila que con asiduidad uno debe reducir su altura; y muy por encima de todo, las ediciones digitales suelen ser gratuitas. Desembocamos pues en el llamado “periodismo ciudadano”, en el que todos somos “contadores de historias en potencia” gracias a que en nuestros bolsillos hay un dispositivo que nos permite hacerlo, un teléfono móvil. Esta situación nos lleva a preguntarnos ¿Es todo periodismo? Y lo más importante, ¿Qué tiene que ver con la cultura?

Decía un veterano del Boston Globe: “Un señor que ve un accidente provocado por un semáforo estropeado y lo cuenta de inmediato, quizá es un buen vecino, pero no un buen periodista”. Estoy de acuerdo, pese a la opinión popular que percibo. A diario nos vemos desbordados por decenas de noticias de los miles de medios de comunicación de todo el mundo que describen inverosímiles historias a lo largo y ancho del planeta. Una de las mayores cualidades de toda persona debería ser su filtro, su juicio, su crítica. La sociedad carece de ese filtro que analiza y comprende el texto sin que los prejuicios e ideologías se inmiscuyan. El periodista debe facilitar el juicio y evitar la confusión, debe ayudar a la prevalencia de la cultura.

El debate sobre la exigencia un título a la hora de ejercer ciertas profesiones es ciertamente absurdo, pongamos que hablo de un médico o un abogado, ¿Querría usted que le tratase o defendiese una persona que no ha estudiado específicamente para ello? Pero el periodismo es diferente, mucho. En una profesión con un gran componente artístico e intelectual (y no tan técnico) que la hace más accesible que otras labores. En el ejercicio del periodismo, se ve claramente la vocación que tiene la persona para ejercer tal oficio. Unos se hacen periodistas porque lo han estudiado, otros, en cambio, otros lo ejercen porque lo han estudiado y tienen vocación para ello; y otros lo ejercen sin haber estudiado pero con una gran vocación. Entre la primera opción y la tercera, entiendo que la gente prefiere la última, o por lo menos yo.

No es novedad que gente que no ha estudiado periodismo haga muy bien su trabajo, casi todo es cuestión de algo innato. Muchas son las personas que en España llenan nuestras pantallas sin tener el título de periodista, y –aunque algunos de carreras similares- hacen trabajos con gran calidad. Empecemos por la televisión. Jordi Évole, querido por tantos, el primero. Estudió Comunicación Audiovisual en Barcelona, y es considerado uno de los mejores periodistas de nuestro país; algunos de ustedes se habrán enterado ahora de sus estudios, eso nos muestra lo que vengo diciendo. En la misma franja horaria y enfrentado con “El Follonero” se encuentra un programa que apenas tiene unas semanas y es conducido por un publicista, Risto Mejide,  ¿Os imagináis que el telediario lo presente una licenciada en turismo? Ahí tienen a Mónica Carrillo, y la gente lo ignora. Ana Blanco, mítica y consagrada presentadora de telediarios de la TVE, es pedagoga. Lucía Riaño, que tampoco ha estudiado periodismo dice: “No es fácil centrarse en seguir con los estudios de periodismo una vez que ya has trabajado como periodista (…) Cuando entras en la profesión todo te deslumbra, te dispersas y no lo ves claro. Y entonces vas menos, te quedan dos, te quedan tres”. La lista es enorme: El gran Wyoming, Isabel Gemio, hasta Luis del Olmo referente periodístico.

En radio encontramos lo mismo. Hora 25, programa de la Cadena Ser,  está dirigido y presentado por Ángels Barceló, la cual tampoco es periodista; igual que otros compañeros de sector como Herrera.

No obstante, los mencionados anteriormente, podrían formar parte de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE). Y es que, según el artículo 4 de los Estatutos de la Asociación de la Prensa de Madrid, se establece que, excepcionalmente, “la Junta Directiva podrá solicitar a la FAPE autorización para la admisión de quienes acrediten una profesionalidad contrastada, antigüedad y continuidad en el ejercicio de la profesión en funciones específicamente periodísticas”.

“Este es un viejo debate que tiene dividido a las asociaciones de prensa de España. Las asociaciones de La Rioja, Aragón, Cádiz, y otras más, son partidarias de sólo asociar a aquellos periodistas que son titulados. Sin embargo, existe otro sector, en el que me incluyo, que también son partidarios del ejercicio profesional acreditado”, explicaba por entonces el otrora presidente de la APM, Fernando González Urbaneja. “Carles Francino lleva 30 años ejerciendo de periodista, ¿quién va a decir que no lo es?”. Lydia Lozano y Karmele Marchante, tienen título de periodismo, y miren a lo que se dedican.

En prensa escrita, soy habitual a ciertos autores. Jabois, el hombre que Enric González dice que “está condenado a convertirse en el mejor columnista de ahora, si no lo es ya”, no ha estudiado periodismo. En una entrevista, Jabois daba en el clavo respondiendo a la siguiente pregunta:

Entrevistador: Perteneces una raza ya en peligro de extinción: los que trabajan en los medios pero sin haber estudiado algo relacionado con la comunicación. ¿Cómo se consigue?

Jabois: Con muchísima chiripa. Ahora esto va a ser más complicado con estudios y sin estudios. Antes había más desembarco de gente que o bien no había estudiado la carrera o bien no había estudiado nada, como fue mi caso. De todos modos no creo que haya sido de los últimos. Al que tiene una vocación siempre se le acaba recompensando. El que lee periódicos y lleva el periodismo en la sangre va a tener oportunidad de ser periodista. Evidentemente, es muchísimo mejor que que tenga una formación teórica de su trabajo. Yo no soy el ejemplo de nada y no me pongo como piedra angular de ningún proyecto de periodista que vaya por ahí sin título ni nada de eso. Lo mío fue una concatenación de circunstancias que se dieron en un momento en el que yo tenía veinte años y me tiré sin red. De la misma manera que las cosas parecen ir bien, a lo mejor mañana no van tan bien. También me pude haber quedado por el camino y acabar haciendo otra cosa que no fuese esta, lo cual hubiese sido una gran desgracia, porque solo sé escribir.

Mi conclusión es que el periodista nace, y se hace, y casi siempre gracias a algo innato. Si a eso le sumamos un carrera, aumentamos nuestros puntos, pero en definitiva, no nos hace periodistas amigos. Y así intenta sobrevivir la cultura, un conocimiento en crisis, ávido de personas que lo deseen y lo buscan. El “nunca te acostarás sin saber algo más” ha dejado de ser una verdad universal. Una sabiduría que jamás podremos obviar. Porque a juzgar por el tiempo y espacio que se le dedica en tertulias, prensa, radio y televisión, el mayor logro cultural de este país es el fútbol.

Hecho por Álvaro Rodiño y Eugenio Fernández.

Tomado de: http://the21magazine.es/la-artilleria-de-la-libertad-en-manos-de-casi-todos/

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